Nada és sino la representación que cada uno hace de una porción de la realidad.
Nadie és, sino la representación que alguien hace de uno. Yo no existo. Existen miles de versiones de mí, repartidas en el imaginario de cada persona que alguna vez cruzo su camino conmigo. Yo misma no me conozco en la "realidad", solo conozco la versión de mí que decido ver cada día, una intersección de "quien soy", "quien necesito ser" y "quien puedo ser". Nuestra identidad se comporta como el agua en su ciclo natural, viaja, se transforma, se disgrega y luego se condensa; sobre algunos caemos como micro-gotas de humedad mañanera y sobre otros somos una ola, depende de qué necesitan o quieren esos otros que seamos.
"¿Tan rápido llegamos a: Todo es relativo?" diría V, y yo me reiría porque sí, ya llegamos ahí. Todo es relativo, y hacer la vida es tratar de mantener treinta o cuarenta pelotas volando en el aire sobre nuestras cabezas, no permitir que se caigan, no permitir que se vuelen y sobretodo nunca, jamas, poder agarrarlas y controlarlas todas. Nunca entiendes pues. Y mientras más lo intentas, más te enredas. Como arenas movedizas, mas te mueves mas te hundes. Por eso es más fácil no mirar hacia arriba, no preguntarse, enterrar la cabeza en la arena,en la almohada, en el i pad. Complicarte solamente con la receta del postre que vas a preparar, o con la agenda de esta semana, o máximo con la noticia del periódico. Pero las pelotas y sus explicaciones inútiles y su relativa realidad están ahí siempre y de repente CLOCK! ...una te cayo en la cabeza ! Y ahora quién te salva de sentir: ¿Qué importa todo? ¿Qué importa si igual...? ¿A quién le importa, el postre o la semana o la noticia? ¿Qué importa si solo somos unas pelotas relativas, manteniéndose a flote mientras alguien más nos otorga realidad con su percepción? ¿qué importa?
Por otro lado: No es así.
Por otro lado sí hay certezas. ¿No? Claras e indudables certezas sobre las personas, las cosas, los momentos. Hay certezas que no se pueden comprobar, porque todo lo que se puede comprobar se relativista tarde o temprano.Por lo tanto si quieres alguna seguridad, un piso, una tabla para agarrarte. Algo inmutable que te ayude a seguir malabareando pelotas por el tiempo que sea necesario, este Algo debe ser in comprobable. Una certeza inmutable, que no veamos, escuchemos o toquemos, Algo que percibamos a un nivel sin cuestionamiento. ¿Existe?
Wooow! Una pelota se cae... ya me confundí. Ya no sé bien de que estoy hablando.
Creo que voy a buscar una receta de brownies y poner algo de música.
lunes, 8 de abril de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
23 de febrero
Nuestra vida transcurre en un movimiento pendular constante que va del Amor al Miedo, y cada una de nuestras acciones (y por acciones entiendo cada pensamiento, palabra, sentimiento o acto realizado) es un motor que utilizamos, consciente o inconscientemente, para acercarnos a un extremo, o al otro. Al Amor, en su forma más pura, o al Miedo, en su esencia también. Lo único realmente seguro es que ese movimiento, ese balanceo, no para nunca.
***
La muerte, el asesinato de un hombre joven; la orfandad de una niña pequeña, la violencia, el sin sentido, la in humanidad. No hay razones ni explicaciones suficientes. La única manera de encajar acciones como estas en algún tipo de lógica parece ser des humanizando a sus perpetradores, alejándolos de nuestra propia naturaleza. Resulta muy difícil reflejarse, identificarse, en acciones así Resulta casi imposible de explicar, ¿Qué impulso puede terminar en este tipo de acción? ¿Qué tipo de ser humano puede "querer" matar a alguien? ¿Es tan amplio el espectro de lo que significa ser humano? ¿Qué es lo que hace que una persona se acerque tanto al Miedo?
Porque para llegar a ese nivel de violencia hay que estar sumergido en Miedo, en terror absoluto, en ceguera. Para quitarle valor a la vida hay que haber sido despojado de Amor. Por eso quizás es difícil imaginar qué puede pasar en el alma de ese ser humano. Imaginar un alma que no percibe Amor es desolador.
***
Sin pretender plantear explicaciones, (¿Con qué derecho además?) pero pensando en qué hay que hacer sobre esto...
¿Nos damos cuenta de que todos ejercemos violencia sobre alguien?
Es violento llenarnos la boca con eslogans marqueteros sobre el progreso y los booms y la mejora de la economía, cuando la mayoría de personas que nos cruzamos en la calle no tiene acceso a los beneficios de estas supuestas mejoras.
Es violento perpetuar y validar un sistema en el que inevitablemente una pequeñísima minoría "vale más" que la gran mayoría.
Es violento educar a generaciones en la creencia de que la cantidad es mas importante que la calidad, de que el dinero es más valioso que el aire o el agua o la tierra; de que el poder está por encima de la vida.
Nuestro comportamiento en la calle es violento, nuestra forma de ganarnos un lugar en el mundo está condicionado a ser violentos y agresivos, nuestro trato a las personas que nos rodean; estamos tan acostumbrados a manejarnos con violencia, con agresividad, desde el Miedo; que cuando algún iluminado se maneja y pretende vivir desde el Amor lo llamamos Mesías, loco o imbécil.
¿Esa es nuestra naturaleza?
****
El hombre cuya vida terminaron ayer, tomó fotografías, retratos de los participantes y personajes de la fiesta religiosa Qoyllur Riti, y luego las expuso en gran formato en Mahuayani, lugar donde comienza el trayecto de la peregrinación, para ser vistas y disfrutadas por todas las personas que participaron en la misma fiesta.
Ese es un acto de Amor puro. Esas son imágenes de Amor.
Mi única conclusión clara (ilusa e ingenua quizás) es que hay que seguir intentando balancear el péndulo hacia el otro lado.
lunes, 28 de enero de 2013
mea (mama) culpa
Mi confesión del día es que soy una mala madre.
Mala malísima... a veces me asusto a mi misma, a veces pienso que no merezco serlo, a veces, como ahora, lo digo en voz alta para ver si así me siento mejor.
Adoro la televisión porque cada cierto tiempo puedo decir "Y qué tal si vas y prendes la televisión" . Adoro la computadora porque cada cierto tiempo puedo decir "'No te gustaría jugar un poco de compu?". Aun no caigo en la tentación de los aparatos de juegos electrónicos mas sofisticados (no doy nombres porque seguramente daría uno totalmente des actualizado y se burlarían de mi), pero sé que los tengo ahí, guardaditos, como un as bajo la manga, y no escupo al cielo porque en cualquier momento de debilidad romperé el chanchito y de repente llegará a mi casa una caja que emocionará a mi hijo, y me asegurará a mí varias horas de calma ininterrumpida.
Empiezo la semana con la firme determinación de realizar alguna actividad compartida que implique creatividad y aire libre y esas cosas; tiempos de calidad que le llaman, algo como hacer galletas, o pintar una pared del cuarto, ir a una exposición o salir a caminar; termino la semana agradecida de no haber decapitado a L y sintiéndome bien porque en vez de ver la programación de siempre pusimos una película y la vimos comiendo canchita.
Me siento una mala madre unas cuarenta veces al día, cada vez que L me hace un comentario y yo lo miro y asiento, poniendo cara de que lo estoy escuchando, mientras en realidad estoy pensando en cualquier otra cosa, desde qué tengo que comprar en el supermercado, hasta mis planes de ir a la playa.
Me siento una mala madre cada vez que resuelvo un almuerzo con arroz con huevo, o cereal con yogur o peor aun, con comida rápida: muy atractiva/cero nutritiva. Cada vez que en vez de pelar una manzana saco una galleta. Cada vez que me hago la loca con limpiar orejas, cortar uñas o lavar pelos. Cada vez que gasto dinero en algo para mí en vez de comprar un juguete, un libro infantil, un tarro de plastelina.
Me siento una pésima madre, y una mala persona, cuando mis frustraciones del día, o del mes, se vuelven "No hagas eso!" o "Cuantas veces te he dicho?!" o "Estoy harta de que...". Cuando mis reacciones son sobre dimensionadas o explosivas; cuando mis respuestas son negativas o displicentes. Cuando no lo miro a los ojos, cuando no escucho sus argumentos, cuando lo callo, cuando me impongo sin dejar lugar al diálogo. Me siento una mama de pacotilla cuando él me abraza y no respondo a su abrazo, o peor aun, cuando lo abrazo rapidito nomas, para pasar a lo siguiente; cuando llego a casa y me ofrenda un dibujo hecho especialmente para mí y yo, casi sin mirarlo, le pregunto "¿Ya te bañaste?"; cuando pienso que lo quiero y no se lo digo porque hay "cosas mas importantes de que hablar".
En resumen y para no seguir con la lista, con tanta frecuencia me siento una mala madre que ahora decido confesar que lo soy.
No importa que el invidente de mi hijo no se de cuenta, no importa que todavía no me lo haya reclamado, no importa que él siga abrazándome y hablándome y queriendo pasar tiempo conmigo; Finalmente ¿qué sabe el? , solo tiene cinco años. Probablemente resolverá todo esto en su adultez, posiblemente logre procesarlo y crecerá para ser un mejor padre que yo. Ojala.
Mientras tanto, y solo por la duración de este escrito porque tampoco soy masoquista ni me gusta la auto - flagelación, me acuso y me encuentro culpable, y me sentencio a tener que vivir conmigo misma y con mi mala maternidad por lo que me queda de vida.
Mala malísima... a veces me asusto a mi misma, a veces pienso que no merezco serlo, a veces, como ahora, lo digo en voz alta para ver si así me siento mejor.
Adoro la televisión porque cada cierto tiempo puedo decir "Y qué tal si vas y prendes la televisión" . Adoro la computadora porque cada cierto tiempo puedo decir "'No te gustaría jugar un poco de compu?". Aun no caigo en la tentación de los aparatos de juegos electrónicos mas sofisticados (no doy nombres porque seguramente daría uno totalmente des actualizado y se burlarían de mi), pero sé que los tengo ahí, guardaditos, como un as bajo la manga, y no escupo al cielo porque en cualquier momento de debilidad romperé el chanchito y de repente llegará a mi casa una caja que emocionará a mi hijo, y me asegurará a mí varias horas de calma ininterrumpida.
Empiezo la semana con la firme determinación de realizar alguna actividad compartida que implique creatividad y aire libre y esas cosas; tiempos de calidad que le llaman, algo como hacer galletas, o pintar una pared del cuarto, ir a una exposición o salir a caminar; termino la semana agradecida de no haber decapitado a L y sintiéndome bien porque en vez de ver la programación de siempre pusimos una película y la vimos comiendo canchita.
Me siento una mala madre unas cuarenta veces al día, cada vez que L me hace un comentario y yo lo miro y asiento, poniendo cara de que lo estoy escuchando, mientras en realidad estoy pensando en cualquier otra cosa, desde qué tengo que comprar en el supermercado, hasta mis planes de ir a la playa.
Me siento una mala madre cada vez que resuelvo un almuerzo con arroz con huevo, o cereal con yogur o peor aun, con comida rápida: muy atractiva/cero nutritiva. Cada vez que en vez de pelar una manzana saco una galleta. Cada vez que me hago la loca con limpiar orejas, cortar uñas o lavar pelos. Cada vez que gasto dinero en algo para mí en vez de comprar un juguete, un libro infantil, un tarro de plastelina.
Me siento una pésima madre, y una mala persona, cuando mis frustraciones del día, o del mes, se vuelven "No hagas eso!" o "Cuantas veces te he dicho?!" o "Estoy harta de que...". Cuando mis reacciones son sobre dimensionadas o explosivas; cuando mis respuestas son negativas o displicentes. Cuando no lo miro a los ojos, cuando no escucho sus argumentos, cuando lo callo, cuando me impongo sin dejar lugar al diálogo. Me siento una mama de pacotilla cuando él me abraza y no respondo a su abrazo, o peor aun, cuando lo abrazo rapidito nomas, para pasar a lo siguiente; cuando llego a casa y me ofrenda un dibujo hecho especialmente para mí y yo, casi sin mirarlo, le pregunto "¿Ya te bañaste?"; cuando pienso que lo quiero y no se lo digo porque hay "cosas mas importantes de que hablar".
En resumen y para no seguir con la lista, con tanta frecuencia me siento una mala madre que ahora decido confesar que lo soy.
No importa que el invidente de mi hijo no se de cuenta, no importa que todavía no me lo haya reclamado, no importa que él siga abrazándome y hablándome y queriendo pasar tiempo conmigo; Finalmente ¿qué sabe el? , solo tiene cinco años. Probablemente resolverá todo esto en su adultez, posiblemente logre procesarlo y crecerá para ser un mejor padre que yo. Ojala.
Mientras tanto, y solo por la duración de este escrito porque tampoco soy masoquista ni me gusta la auto - flagelación, me acuso y me encuentro culpable, y me sentencio a tener que vivir conmigo misma y con mi mala maternidad por lo que me queda de vida.
sábado, 5 de enero de 2013
Fin de año
31 de diciembre del 2012
Hoy L se encontró con el mar.
Desde que nació se ha metido al mar. En mis brazos, luego
abrazado de mi cuello, luego de mi mano y alguna vez, el verano pasado conmigo al lado, ya suelto pero siempre con
la seguridad de mi presencia a pocos centímetros.
Hoy no me necesitó.
Se encontró con C, un niño un par de años mayor, sólo en la
playa, como él, que al no tener compañía para pasar la mañana, prefirió pasarla
con el pequeño de cinco (casi seis) que lo miraba con ojos de admiración y
juego. C, como buen norteño, conocía el mar. Conocía su dinámica y como
incorporarse a ella, porque de eso se trata finalmente. Acá en Zorritos, y
alguna vez yo (también de seis) lo aprendí a punta de revolcones, la marea
tiene rachas cortas y bruscas de seis o siete olas grandes, y luego remansos de
doce o quince tumbos. Cuando la ola está grande no se puede luchar contra ella,
ni tratar de escaparse, si la ola grande te agarra adentro hay que someterse a
ella, sumergirse, sacar la cabeza para tomar aire, agarrar piso y esperar a la
siguiente. Luego viene el periodo de calma en el que uno siente que domina el
agua y que no hay ningún peligro, en ese momento solo se disfruta, poco después
viene la ola grande otra vez.
Pero lo que hace de éste un mar especial es que es como una
buena madre: incluso si le pierdes el respeto y pretendes rebelarte a sus leyes
su castigo es firme pero amoroso, te revuelca pero te deja salir a tiempo para
respirar, sacudirte el susto y reírte del remesón. Eso sí, a la siguiente racha
no te atreverás a desobedecer.
Sin necesidad de explicaciones C le enseño a L todo esto,
solo con su manera de zambullirse, un par de gritos indescifrables y agarrando
su mano cada vez que fue necesario; su comunicación durante las horas que
pasaron jugando era totalmente no verbal y sorprendentemente efectiva; al cabo
de un rato L sabía todo lo que tenía que saber para entrar un poco más adentro.
Quedaba todavía una barrera que atravesar, y debo confesar que yo, bien sentada
bajo mi sombrilla y con mi cámara en mano, rogaba internamente para que esa
barrera siguiera firme. “Todavía no” pensaba, “todavía es muy pequeño”, “No te
atrevas Lorenzo”. El mismo sentimiento
que tuve cuando lo cargue por primera vez, el mismo que tendré, seguramente cada
vez que lo vea enfrentarse a nuevas mareas en su vida: miedo. Miedo inmenso
gigante aterrador paralizante miedo horrible. Entonces vino una ola grande,
bien grande, “se te para el corazón y contienes la respiración-grande”. Un
segundo antes de que la ola cayera sobre él, lo miré, vi el miedo en sus ojos y
en cada músculo de su cuerpo, y también vi fuerza. La ola gigante lo revolcó.
Por varios segundos mi hijo fue un borrón negro en medio de un montón de espuma
blanca. Miedo incalculable. Entonces su cara apareció, resoplando agua, con los
ojos cerrados con fuerza y el pelo totalmente enarenado, la cara de un
revolcado. L tomo aire, se paró, plantó bien los pies en la arena, abrió los
ojos y lanzo una carcajada gigante, más grande que el miedo, salió hasta la orilla
fuera del peligro y bailó y saltó de alegría. En ese instante mi miedo, el
sentimiento que me asalta cuando pienso en la fragilidad de L frente al mundo,
desapareció. Exactamente igual al momento en que lo cargué por primera vez, una
vez que sus ojos se encontraron con los míos el miedo inicial desapareció y fue
remplazado por una emoción, más orgánica, más poderosa, posiblemente menos
racional, pero más verdadera: confianza. Confianza en el poder de ese ser y
confianza de su lugar en el mundo. Esa emoción difícil de explicar llegó hace
casi seis años y me dio muchísima paz.
Una vez que se dio cuenta de que un revolcón no es más que
un revolcón, y que hasta divertido resulta, L se entregó al placer del agua
como un pequeño delfín. Un rato después
C se cansó del mar y desapareció sin que yo le pudiera agradecer la tremenda
lección que nos había dado y luego de unos minutos me tuve que acercar a la
orilla para casi arrastrar a un arrugado niño mío hasta su toalla.
Se termina el año.
No se acabó el mundo y nos preguntamos ¿Por qué no, si lo estamos haciendo añicos? Todo el mundo
quiere comer comida peruana pero no todos los peruanos podemos comer, o
estudiar, o ir a la playa de vacaciones. Hay muchas tareas para el 2013, hay
mucho trabajo que hacer. Y lo más importante sigue siendo, para mí, remplazar
ese miedo que aparece cuando pienso demasiado; remplazarlo con esa fe, esa
confianza que existe cuando solo siento y percibo y estoy y soy. Llenarme de
esa emoción para seguir viendo a L encontrarse con el mar, con la primaria, con
la pena, con el mundo, con la vida y reírme con él cuándo se pare después de
cada revolcón más fuerte. Más feliz.
Un buen nuevo año para todos.
jueves, 20 de diciembre de 2012
Princesa sapo navideña
A mi me encantan los regalos, me encanta darlos y me encanta recibirlos.
Me gusta la Navidad porque, entre otras cosas, es una época del año en la que le dedico tiempo y esfuerzo (y algo de dinero, por supuesto) a la labor de regalar a la gente que quiero; y escribo sobre ello por una sencilla razón: creo que se malentiende, en esta era del consumismo y las tarjetas de crédito, qué significa regalar, por qué el acto de regalar algo tiene valor, cual es su valor, por qué lo hacemos.
Regalarle algo a alguien es un ejercicio de desprendimiento, pero no solo económico, no vale por la cantidad de dinero que se gasta en el regalo; es un ejercicio de desprendimiento del ego también. Para hacer un buen regalo, un regalo que realmente le va a gustar al "regalado", hay que ponerse en su lugar, hay que pensar por un instante (o varios) en esa persona, en sus gustos (que no son los propios) en su manera de vivir (que no es la propia), en sus características; hay que saber equilibrar las preferencias de uno con las del otro, y finalmente hay que añadir a esa reflexión un poco de cariño y de interés para que el regalo también aporte eso, así, aquello que regalamos no solo es algo que a esa persona le gustaría sino también aquello que creemos que la hará feliz, desde nuestro punto de vista. Tomarse esos momentos para pensar en un regalo es el regalo. Dedicarle unos segundos a pensar en otro, eso es un regalo para uno mismo.
El acto de regalar tiene un aspecto ritual, y por tanto debe ser tratado con respeto y debe cuidarse.
En los últimos días he estado en tres lugares distintos para comprar regalos, El centro comercial Jockey Plaza, La feria barranquina al lado del chifa Unión, la expo - venta organizada por el Ministerio de Cultura Ruraq Maki. Cada uno de estos lugares determinaba la experiencia de comprar, y por tanto determinaba también el carácter del regalo, el vínculo que tendré con la persona a quien entregaré ese regalo, y además mi humor del día. Comprar regalos en una feria de artesanía peruana, realmente estas comprando mucho más que un objeto, regalas historia, contenido, un pedacito chiquito de identidad y la sensación que te queda de pasear por esa feria es de placer y armonía En una feria de diseñadores jóvenes y menos tradicionales como las ferias que se realizan en barranco, la sensación es más acelerada, más "cool" y sin embargo no carece de gracia, la mayoría de los productos tienen también su carácter artesanal, personal, le llaman "de diseño" y "alternativo", yo reconozco la herencia de los artesanos de la otra feria, me gusta pensar que somos eso, un país creativo, artístico de muchos colores. Y luego está la experiencia de comprar en las tiendas de marca, en los centros comerciales de plástico A mi no me gusta eso, a veces lo hago, porque, bueno, donde voy a encontrar el par de zapatos que le aguanten a L todo el verano, pero salgo de ahí "exprimida" y un poco vacía, no siento que he adquirido algo, todo lo contrario, siento que me han quitado, un poco de paz, un poco de belleza, y un montón de plata.
Varias veces, varios años, he optado por hacer mis regalos, y ante el "mejor no regalemos nada" de mi familia he dicho "Yo quiero regalar, déjenme regalar" y hago alfajores, o canastas de papel mache, o móviles o lo que sea, igual siento que realizo el ritual, pienso en cada uno de ellos mientras preparo el regalo, mientras envuelvo el regalo, mientras transporto el regalo, y cuando abren el regalo y les gusta el regalo, yo soy bastante feliz.
Así que: Es Navidad, Regalemos!, regalemos una carta, un dibujo, unas palabras en una botella tapada con un corcho, salgamos a buscar algo que nos haga pensar en la gente que queremos, y si le tememos al fin del mundo pues no salgamos, regalemos una botella de agua y un paquete de galletas de soda y llamémosle kit de supervivencia navideño, regalemos un abrazo y un beso, bien preparado y con nombre propio. Regalemos el tiempo que nos toma pensar en el regalo y pongámosle una tarjeta de mi para ti. Sin estres, sin angustia y sin problemas. Sin esperar nada a cambio. Solo por el placer de ver a otro feliz. GRACIAS!
Me gusta la Navidad porque, entre otras cosas, es una época del año en la que le dedico tiempo y esfuerzo (y algo de dinero, por supuesto) a la labor de regalar a la gente que quiero; y escribo sobre ello por una sencilla razón: creo que se malentiende, en esta era del consumismo y las tarjetas de crédito, qué significa regalar, por qué el acto de regalar algo tiene valor, cual es su valor, por qué lo hacemos.
Regalarle algo a alguien es un ejercicio de desprendimiento, pero no solo económico, no vale por la cantidad de dinero que se gasta en el regalo; es un ejercicio de desprendimiento del ego también. Para hacer un buen regalo, un regalo que realmente le va a gustar al "regalado", hay que ponerse en su lugar, hay que pensar por un instante (o varios) en esa persona, en sus gustos (que no son los propios) en su manera de vivir (que no es la propia), en sus características; hay que saber equilibrar las preferencias de uno con las del otro, y finalmente hay que añadir a esa reflexión un poco de cariño y de interés para que el regalo también aporte eso, así, aquello que regalamos no solo es algo que a esa persona le gustaría sino también aquello que creemos que la hará feliz, desde nuestro punto de vista. Tomarse esos momentos para pensar en un regalo es el regalo. Dedicarle unos segundos a pensar en otro, eso es un regalo para uno mismo.
El acto de regalar tiene un aspecto ritual, y por tanto debe ser tratado con respeto y debe cuidarse.
En los últimos días he estado en tres lugares distintos para comprar regalos, El centro comercial Jockey Plaza, La feria barranquina al lado del chifa Unión, la expo - venta organizada por el Ministerio de Cultura Ruraq Maki. Cada uno de estos lugares determinaba la experiencia de comprar, y por tanto determinaba también el carácter del regalo, el vínculo que tendré con la persona a quien entregaré ese regalo, y además mi humor del día. Comprar regalos en una feria de artesanía peruana, realmente estas comprando mucho más que un objeto, regalas historia, contenido, un pedacito chiquito de identidad y la sensación que te queda de pasear por esa feria es de placer y armonía En una feria de diseñadores jóvenes y menos tradicionales como las ferias que se realizan en barranco, la sensación es más acelerada, más "cool" y sin embargo no carece de gracia, la mayoría de los productos tienen también su carácter artesanal, personal, le llaman "de diseño" y "alternativo", yo reconozco la herencia de los artesanos de la otra feria, me gusta pensar que somos eso, un país creativo, artístico de muchos colores. Y luego está la experiencia de comprar en las tiendas de marca, en los centros comerciales de plástico A mi no me gusta eso, a veces lo hago, porque, bueno, donde voy a encontrar el par de zapatos que le aguanten a L todo el verano, pero salgo de ahí "exprimida" y un poco vacía, no siento que he adquirido algo, todo lo contrario, siento que me han quitado, un poco de paz, un poco de belleza, y un montón de plata.
Varias veces, varios años, he optado por hacer mis regalos, y ante el "mejor no regalemos nada" de mi familia he dicho "Yo quiero regalar, déjenme regalar" y hago alfajores, o canastas de papel mache, o móviles o lo que sea, igual siento que realizo el ritual, pienso en cada uno de ellos mientras preparo el regalo, mientras envuelvo el regalo, mientras transporto el regalo, y cuando abren el regalo y les gusta el regalo, yo soy bastante feliz.
Así que: Es Navidad, Regalemos!, regalemos una carta, un dibujo, unas palabras en una botella tapada con un corcho, salgamos a buscar algo que nos haga pensar en la gente que queremos, y si le tememos al fin del mundo pues no salgamos, regalemos una botella de agua y un paquete de galletas de soda y llamémosle kit de supervivencia navideño, regalemos un abrazo y un beso, bien preparado y con nombre propio. Regalemos el tiempo que nos toma pensar en el regalo y pongámosle una tarjeta de mi para ti. Sin estres, sin angustia y sin problemas. Sin esperar nada a cambio. Solo por el placer de ver a otro feliz. GRACIAS!
lunes, 10 de diciembre de 2012
pequeñas palabras para alguien a quien admiro
"Yo creo que es importante ser soñador, tener utopías. Los derrumbes ideológicos que se han producido en los años recientes no significan que todo se haya derrumbado. Los principios y valores de los derechos humanos también te conducen a utopías..." F.S.
Trayectoria, es una palabra que me gusta.
"Curso, desarrollo o evolución que sigue una persona o una cosa a lo largo del tiempo"
Trayecto, camino. acciones de un solo actor, que en su contacto con el mundo varían y generan una ruta. Me gusta, es una palabra que evoca un pasado, un futuro y un presente, al mismo tiempo. Cambio y permanencia.
Hoy le entregan un premio a la Trayectoria a mi tío Francisco "Pancho" Soberón Garrido. El hermano mayor de mi mama. Mi tío Panchis, y pocas veces la palabra trayectoria me ha hecho tanto sentido.
Mi tío Pancho dedica su vida a la defensa de los derechos humanos desde que yo tengo conciencia, eso es, mas de treinta años. Es conocido y reconocido en muchos países, por muchas instituciones y personas, ha recibido varios premios y muchos hemos sido inspirados por sus acciones y pensamiento.
Continua trabajando desde la Asociación Pro Derechos Humanos APRODEH, institución que fundó en los tempranos 80s y con la que ha abogado, siempre desde el lado más frágil, más vulnerable, por el cuidado de los derechos fundamentales de las personas,de TODAS las personas, a través de varios gobiernos corruptos y autoritarios, a través de una guerra interna de décadas, a través de violencia y amenazas y des información y miedo e ignorancia.
A mi tío Pancho además, le gusta la música, bailar salsa, cocina como los dioses y ama a su familia. También le gusta ponernos apodos que nos sacan de quicio y que grita a voz en cuello cuando nos ve aparecer, y tocar el timbre de la puerta sin parar para fastidiar a quien tiene que abrirle.
Para mí, que lo he visto siempre desde mi esquina de la mesa de los chicos, su vida privada no se distingue tanto de su vida publica, política laboral; porque ambas están regidas por los mismos principios. El amor a la vida, a la verdad, a la justicia. La consecuencia entre actos, palabras y pensamientos. La esperanza puesta en el país y en la gente, a pesar de todo, a pesar de los retrocesos y las frustraciones. Estos principios son lo que permanece, lo que no ha cambiado y lo que rige la trayectoria que hoy reconocen.
Básicos y aparentemente evidentes principios rectores, que fueron siempre obvios e indiscutibles para nosotros, en la mesa de los chicos, porque existieron para los "grandes" desde antes que nosotros naciéramos. Recién cuando me cambié de "mesa" y entendí por qué había que defenderlos, por qué había que luchar para hacerlos prevalecer, entendí también por qué el trabajo de mi tío era tan valioso y por qué su teléfono siempre sonaba y el siempre respondía.
Desde aquí entonces, mi homenaje a esa trayectoria, a ese camino que continua, y que tan bien ha sabido hacer. Y mi agradecimiento por ayudarme a entender qué significa trayectoria, y como hay que trazarla. Como hay que caminarla para que cuando te la premien, lo que te estén premiando sea la vida.
Te quiero conchucano montuvio!
Trayectoria, es una palabra que me gusta.
"Curso, desarrollo o evolución que sigue una persona o una cosa a lo largo del tiempo"
Trayecto, camino. acciones de un solo actor, que en su contacto con el mundo varían y generan una ruta. Me gusta, es una palabra que evoca un pasado, un futuro y un presente, al mismo tiempo. Cambio y permanencia.
Hoy le entregan un premio a la Trayectoria a mi tío Francisco "Pancho" Soberón Garrido. El hermano mayor de mi mama. Mi tío Panchis, y pocas veces la palabra trayectoria me ha hecho tanto sentido.
Mi tío Pancho dedica su vida a la defensa de los derechos humanos desde que yo tengo conciencia, eso es, mas de treinta años. Es conocido y reconocido en muchos países, por muchas instituciones y personas, ha recibido varios premios y muchos hemos sido inspirados por sus acciones y pensamiento.
Continua trabajando desde la Asociación Pro Derechos Humanos APRODEH, institución que fundó en los tempranos 80s y con la que ha abogado, siempre desde el lado más frágil, más vulnerable, por el cuidado de los derechos fundamentales de las personas,de TODAS las personas, a través de varios gobiernos corruptos y autoritarios, a través de una guerra interna de décadas, a través de violencia y amenazas y des información y miedo e ignorancia.
A mi tío Pancho además, le gusta la música, bailar salsa, cocina como los dioses y ama a su familia. También le gusta ponernos apodos que nos sacan de quicio y que grita a voz en cuello cuando nos ve aparecer, y tocar el timbre de la puerta sin parar para fastidiar a quien tiene que abrirle.
Para mí, que lo he visto siempre desde mi esquina de la mesa de los chicos, su vida privada no se distingue tanto de su vida publica, política laboral; porque ambas están regidas por los mismos principios. El amor a la vida, a la verdad, a la justicia. La consecuencia entre actos, palabras y pensamientos. La esperanza puesta en el país y en la gente, a pesar de todo, a pesar de los retrocesos y las frustraciones. Estos principios son lo que permanece, lo que no ha cambiado y lo que rige la trayectoria que hoy reconocen.
Básicos y aparentemente evidentes principios rectores, que fueron siempre obvios e indiscutibles para nosotros, en la mesa de los chicos, porque existieron para los "grandes" desde antes que nosotros naciéramos. Recién cuando me cambié de "mesa" y entendí por qué había que defenderlos, por qué había que luchar para hacerlos prevalecer, entendí también por qué el trabajo de mi tío era tan valioso y por qué su teléfono siempre sonaba y el siempre respondía.
Desde aquí entonces, mi homenaje a esa trayectoria, a ese camino que continua, y que tan bien ha sabido hacer. Y mi agradecimiento por ayudarme a entender qué significa trayectoria, y como hay que trazarla. Como hay que caminarla para que cuando te la premien, lo que te estén premiando sea la vida.
Te quiero conchucano montuvio!
domingo, 25 de noviembre de 2012
Seis colores
La razón: Aquél mecanismo por el cual captamos las cosas y las hacemos "entendibles", manejables. Las nombramos y así, las categorizamos. Las despojamos de sus propiedades mágicas Porque en realidad TODO es mágico todo es mutante, todo es al mismo tiempo: pasado y futuro, bueno y malo, dos (o miles de) caras de la moneda.TODO contiene TODO.
La intuición: La capacidad innegable e irrenunciable del ser humano de percibir esa mágia en TODO. La sensación innegable de pertenencia y permanencia con respecto a ese TODO. La corriente de energía interna que relacionamos con los pálpitos, con las sensaciones, con los sentimientos.
El ser humano: El continente de estas dos fuerzas. El catalizador de TODO. El que elige, consciente o inconscientemente, si será motivado por la razón, si será motivado por la intuición; si será capaz de aprovechar ambas, ya que las posee y de esa manera accionar en el universo de manera equilibrada, fluida, feliz.
F arma un cubo Rubik y trata de batir su propio récord. 1 minuto y 20 segundos.
La pasión por el reto lo ha llevado a aprender fórmulas, logaritmos, una racionalización compleja de leyes físicas que yo, francamente, no entiendo. Su Razón esta funcionando a mil por segundo, su cerebro racional lleva el timón. Es un ser de hemisferio izquierdo, analítico, secuencial, lógico y convergente.
O no?
Mientras le tomo el tiempo lo observo, todo su cuerpo está conectado, su concentración no es únicamente cerebral, su respiración, sus manos y su corazón se mueven rítmicamente pero sin una secuencia lógica, su cabeza baila de un lado a otro, buscando con la mirada el angulo que va a atacar a continuación. Sus ojos brillan, el motor de todo este movimiento, de toda esta energía, no está bajo control, no es la razón, es algo más grande y más poderoso.
Dentro de las reglas de su juego F deja fluir ambas fuerzas. No las observa, no las juzga, las deja ser... Dentro de las reglas de su juego. Tres intentos más... 1 minuto y....
La intuición: La capacidad innegable e irrenunciable del ser humano de percibir esa mágia en TODO. La sensación innegable de pertenencia y permanencia con respecto a ese TODO. La corriente de energía interna que relacionamos con los pálpitos, con las sensaciones, con los sentimientos.
El ser humano: El continente de estas dos fuerzas. El catalizador de TODO. El que elige, consciente o inconscientemente, si será motivado por la razón, si será motivado por la intuición; si será capaz de aprovechar ambas, ya que las posee y de esa manera accionar en el universo de manera equilibrada, fluida, feliz.
F arma un cubo Rubik y trata de batir su propio récord. 1 minuto y 20 segundos.
La pasión por el reto lo ha llevado a aprender fórmulas, logaritmos, una racionalización compleja de leyes físicas que yo, francamente, no entiendo. Su Razón esta funcionando a mil por segundo, su cerebro racional lleva el timón. Es un ser de hemisferio izquierdo, analítico, secuencial, lógico y convergente.
O no?
Mientras le tomo el tiempo lo observo, todo su cuerpo está conectado, su concentración no es únicamente cerebral, su respiración, sus manos y su corazón se mueven rítmicamente pero sin una secuencia lógica, su cabeza baila de un lado a otro, buscando con la mirada el angulo que va a atacar a continuación. Sus ojos brillan, el motor de todo este movimiento, de toda esta energía, no está bajo control, no es la razón, es algo más grande y más poderoso.
Dentro de las reglas de su juego F deja fluir ambas fuerzas. No las observa, no las juzga, las deja ser... Dentro de las reglas de su juego. Tres intentos más... 1 minuto y....
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